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Descripción

Soy Lic. Sandra Selles, psicóloga, psicodramatista y docente universitaria. Trabajo acompañando instituciones, equipos y estudiantes en procesos de aprendizaje, cuidado y transformación. Me especializo en psicogerontología, educación y trabajo grupal, integrando la mirada clínica con la perspectiva comunitaria. Creo en la potencia de los vínculos, en la palabra como herramienta de cuidado y en la construcción colectiva de estrategias que permitan habitar mejor los espacios educativos y profesionales. Coordino la Comisión de Psicogerontología del Colegio de Psicólogos (Distrito XV) y participo en proyectos interdisciplinarios, actividades de formación y producción de contenidos para la comunidad profesional. Mi práctica se sostiene en el respeto, la escucha y el compromiso con los derechos y la dignidad de las personas en todas las etapas de la vida.

Los honorarios se pautan personalmente, de manera singular con cada paciente. Se aceptan diferentes formas de pago (efectivo, o transferencia bancaria).

Entiendo que pueden surgir imprevistos. Por ello, solicito a mis pacientes que cancelen o reprogramen sus citas con al menos 24 horas de antelación para evitar cargos por cancelación tardía. Aprecio su comprensión y cooperación en este aspecto.

Mi recorrido profesional nació del encuentro entre la psicología, la educación y el trabajo con grupos. A lo largo de los años fui construyendo una práctica que combina la mirada clínica con la sensibilidad institucional, siempre con la convicción de que las personas crecen cuando se sienten escuchadas y acompañadas. Me formé como psicóloga y psicodramatista, y desde entonces he transitado espacios educativos, comunitarios y clínicos que me permitieron comprender la complejidad de los vínculos, las trayectorias y los procesos subjetivos. En el ámbito universitario, trabajo como educadora, evaluadora y facilitadora, diseñando dispositivos pedagógicos, guías de trabajo y devoluciones formativas que buscan abrir preguntas, habilitar la reflexión y fortalecer la construcción de saberes. Mi experiencia institucional se profundizó en el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires (Distrito XV), donde pertenezco a la Comisión de Psicogerontología. Allí impulsamos proyectos interdisciplinarios, actividades de actualización profesional y producciones colaborativas que ponen en diálogo la clínica, la comunidad y las políticas de cuidado. El trabajo con personas mayores me enseñó que cada historia merece ser alojada con respeto, y que la vejez es una etapa rica, diversa y llena de potencia cuando se la acompaña desde una perspectiva de derechos. En las escuelas, mi tarea se orienta a construir condiciones de cuidado, promover la convivencia y acompañar a docentes, estudiantes y familias en situaciones que requieren escucha, análisis y estrategias colectivas. Creo en la fuerza de los equipos, en la importancia de la palabra y en la necesidad de sostener espacios donde las instituciones puedan pensarse y transformarse.

Mi enfoque terapéutico se sostiene en el psicodrama, una práctica que concibe la escena, el cuerpo y la acción como vías privilegiadas para acceder a la experiencia emocional y a los vínculos que nos constituyen. Trabajo desde la idea de que cada persona es portadora de una historia que se despliega no solo en palabras, sino también en gestos, silencios, imágenes internas y modos de estar con otros. El psicodrama permite que esos fragmentos se vuelvan visibles, habitables y transformables. En el espacio terapéutico, la escena funciona como un laboratorio seguro, donde el paciente puede explorar situaciones significativas, revisar roles que quedaron fijados en el tiempo y ensayar nuevas formas de respuesta. La acción no es un fin en sí mismo, sino un camino para recuperar espontaneidad, ampliar la creatividad y habilitar experiencias correctivas que impactan en la vida cotidiana. Mi práctica integra los aportes clásicos de J. L. Moreno con desarrollos contemporáneos vinculados al trauma, la teoría del apego, la neuroregulación y la perspectiva comunitaria del cuidado. Trabajo con técnicas como el doble, el espejo, la inversión de roles y el soliloquio, siempre desde una mirada ética, respetuosa y situada en la singularidad de cada persona. Concibo el psicodrama como una forma de acompañar procesos subjetivos que requieren tiempo, escucha y presencia. La escena permite que aquello que fue vivido sin palabras encuentre un modo de ser nombrado, simbolizado y alojado. En ese movimiento, se abren posibilidades para reorganizar vínculos, transformar patrones repetitivos y construir nuevas narrativas sobre uno mismo. Mi enfoque terapéutico se apoya en la convicción de que la salud psíquica se nutre de la creatividad, la espontaneidad y la capacidad de establecer vínculos significativos. El psicodrama ofrece un camino para recuperar esas potencias y para habitar la propia historia con mayor libertad y sentido.

Ubicación